18 ene. 2008

El rey de los gatos (p.7-8)



Entonces sucedió, un ruido en el otro extremo del sótano los alarmó, unas latas se habían caído de la estantería. Acto seguido un grito -¡es uno de ellos!-y un disparo que rebotó en una cacerola de hierro. Los silbidos de la bala perdida dieron comienzo a la cacería. El cura se giró hacia el chico,–¡Tú los has avisado, traidor!-. Pero el chico ya no estaba.-¡Id tras él!-. La bestia se desató.

Todos, descontrolados, atropellándose los unos a los otros, comenzaron a perseguir al gato escalera arriba. Todos menos uno, el chico había aprovechado la confusión para escapar por un ventanuco que tenía detrás. Corría con todas sus fuerzas, bien por despistar a aquellos improvisados cazadores nocturnos o por escapar de la guardia, que , después del escándalo, sin duda alguna habría dado la alarma.